LA PEREZA Y CANSANCIO DE LOS FUTBOLISTAS.
"Los deportistas perezosos de verdad son muy pocos y generalmente llegan a esta situación por permanecer durante años bajo la disciplina de entrenadores que menosprecian la preparación física"
Existen algunos entrenadores que afirman encontrarse con muchas dificultades para aplicar la tabla de preparación física que piensen desarrollar, por causa de que sus jugadores tienen una pereza incurable y entonces se ven precisados a reducir notablemente los ejercicios físicos.
Sin embargo, los deportistas perezosos de verdad son muy pocos y generalmente llegan a esta situación por permanecer durante años bajo la disciplina de entrenadores que menosprecian la preparación física.
En efecto, los futbolistas, igual que todos los individuos que se dedican al deporte, están dispuestos, en su mayor parte, a entrenarse con dureza, si están convencidos de la utilidad de tales ejercicios y, por lo tanto, es muy conveniente explicarles todas las ventajas que se derivan de una preparación racional. Si preguntamos a algunos de los jugadores más famosos, descubriremos que un buen porcentaje de ellos, cuando eran niños todavía, se dedicaban a jugar al fútbol durante horas y horas usando, pelotas de goma, o de trapo o incluso de tenis. Y así, ya desde los niveles más inferiores se puede comprobar que los perezosos no llegan nunca a destacarse. Para alcanzar una escala superior necesitan poseer resolución y buena voluntad, tanto más cuento que antes de convertirse en (futbolista juveniles) necesitarán someterse a sesiones de ejercicio en las cuales no sólo practicarán el juego con balón, sino también repetirán muchas veces las tablas de gimnasia destinadas al perfeccionamiento técnico individual y otras semejantes.
Resumiendo todo lo dicho nos cabe asegurar que los perezosos tienen menos probabilidades de convertirse en jugadores profesionales que aquellos otros que no lo son. La diligencia y el afán de superación constituirán los factores selectos más importantes. El joven profesional o semiprofesional tiene, por otra parte, el deseo de afirmarse y sobresalir y, ciertamente, que están dispuesto a sacrificarse (¿pero considero el entrenamiento como un sacrificio?), si está persuadido de que es lo mejor para conseguir su perfección. Los veteranos, a su vez, aceptarán en muchos casos, practicar cualquier tipo de entrenamiento si saben que no ello podrá prolongar su vida profesional.
Puede ocurrir que no todos los jóvenes tengan la madurez suficiente para imponerse una autodisciplina continua para conseguir un fin que no está tan próximo en el tiempo y que algunos veteranos de esforzarse. Pero debo decir, que me he encontrado con jóvenes y veteranos que estaban dispuestos a todos los sacrificios para alcanzar un nivel más elevado (o para mantenerse en él). Incluso sin ser, profesional.
Opinamos, en definitiva, que la pereza de los futbolistas es otro de los prejuicios, privados de fundamento, que son tan comunes en el fútbol y detrás de los cuáles se esconden algunas clases de entrenadores que son el motivo verdadero de esta desidia.
AHORA EL CANSANCIO.
Cuando un equipo de fútbol juega entre semana un partido bastante comprometido, sus hombres estarán fatigados aún el domingo siguiente o, al menos, estos es lo que se oye decir a algunos preparadores y periodistas. Los jugadores afirman (especialmente si su actuación o la de todo el equipo no ha sido satisfactoria) que en la competición dominical última ha tenido las “piernas flojas”, los “músculos vacíos” y los “pulmones sin fondo”. En realidad, en una persona bien entrenada, ningún cansancio físico puede durar tanto tiempo, pero como “nadie está tan fatigado como quien cree estarlo”, resulta claro que muchos jugadores estén en contra de jugar dos veces a la semana.
¿Pero es posible que personas sanas, jóvenes y entrenadas perfectamente, pueden fatigarse realmente por hacer dos veces a la semana un esfuerzo muscular sostenido?
Nadie pone en duda terminar un partido. Si a este hombre, inmediatamente después de terminar un partido. Si a este hombre, inmediatamente después de transcurrido el minuto noventa, se le somete a una serie completa de exámenes médicos, comprobaremos que muchos valores indicativos de su condición física, que son comunes y fáciles de verificar, se desvían, aun en grado sensible, de los considerados como normales: la frecuencia física, que son comunes y fáciles de verificar, se desvían, aun en grado sensible, de los considerados como normales: la frecuencia del pulso es mayor, los movimientos respiratorios son más rápidos y profundos, la temperatura del cuerpo es más baja, pero todo esto es normal y no vale la pena preocuparse por ello, ya que, después de unos pocos minutos, quizás al terminar la ducha, los valores citados vuelven a su nivel normal.
Algunas características sin embargos, permanecen durante un tiempo más largo. Si a un jugador fatigado se le hace un análisis de sangre, veremos en seguida que, por ejemplo, ha disminuido el contenido de azúcar (hipoglucemia), ha aumentado la cantidad de substancias nitrogenadas (hiperlacticemia), indica, precisamente, que esta persona ha realizado un esfuerzo muscular intenso.
Repitiendo estos mismos análisis después de transcurridas algunas horas, advertiremos de forma inmediata que todo ha vuelto a la normalidad y por muchos exámenes que se hagan el día siguiente del encuentro, en este deportista no se localizará ya ningún síntoma objetivo de cansancio.
Existen otros factores que, ciertamente, necesitan tomarse en cuenta también, pero que no tienen ninguna relación con el cansancio físico; se trata de traumas físicos (muy normales en el fútbol), tales como las contusiones, rozaduras, distorsiones, esguinces, etc., y de la presencia de una fatiga psíquica, causada por aquello que los médicos denominan “el medio ambiente”; es decir, que es posible encontrar en el jugador un estado de tensión emocional originada por las voces, gritos, avisos, etc. que se producen en todo estadio de fútbol formando el conjunto de circunstancias de clamor y confusión intensos que rodean a todo partido muy importante (donde acuden decenas de miles de espectadores, equipos de televisión, fotógrafos, periodista, etc.), a lo cual se añade la responsabilidad que este hombre siente pesar sobre él como consecuencia del acontecimiento.
Téngase bien presente que una buena preparación atlética no sólo disminuye la probabilidad de lesionarse con cualquier trauma físico, sino que también permite superar, con facilidad mayor, todos los estados de condicionamiento psíquico.
"El orgullo y la pereza son las dos fuentes de todos los vicios."
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