¿Hay ruido en Conil…?
Dicen que todo cambia
tiene que ser así
dicen que nada muere
yo presiento que el botellón murió en los verano de Conil.
Este artículo fue publicado en el verano del 2009…. en el periódico TRAFALGAR INFORMACIÓN.
Conil de la Frontera, calificado Conjunto Histórico-Artístico por su arquitectura viva que refleja la vida pesquera, comercial, artesanal es, de los ocho pueblos de la Janda, el que se está desarrollando y engrandeciendo de manera casi desmesurada, crecen las urbanizaciones, los hoteles. Los alquileres las casas individuales, los hipermercados, el comercio y todo lo que el desarrollo se lleva por delante. “En Conil ya terminaron los tiempos de los pícaros o, según unos cuentos entre verdad y broma, de esos pescadores que paseaban de noche por la playa un gran farol sobre un burro cojo que simulaba el movimiento de un barco en mar, de manera que los que navegaban cerca, se acercaban a la costa y encallaban en las rocas, en las lajas o en los bancos de arenas, para después apoderarse o comprar a la rebaja el cargamento”… En cambio hoy en día, la vida de Conil es bastante distinta “movida, movida y, movida…” “se sobrevive” desgraciadamente soportando a unos pícaros llegado del resto del mundo, con una ganas de mucha marcha, acompañada de mucho ruido, y con la inseparable basura que le acompaña, esto son algunas de las especialidades de los picaros locales y de los que nos visitan. La vida de Conil es de bastante “chun capun chun chun, y si no duermes jódete…" debido a los veraneantes que crecen cada año, al igual que los residentes que, de los pocos millares que constituían la población, en pocos años han alcanzado y superado cifras inimaginables hace unos años. Una vez hecha las presentaciones turísticas, y expuesto de forma rápida por donde caminamos hoy en día, este artículo se quiere basar principalmente en el ruído que hay en este encantador pueblo. El pueblo y sus ruidos: Erase una vez un hombre extranjero que decidió vivir en nuestro pueblo para toda su vida y lo contaba así… Conozco Conil desde hace más de cuarenta años. Este pueblo me parece un paraíso. Si tuviera que señalar 300 razones para vivir en Conil, me faltaría espacio para indicar otras 300. Si me obligaran a decir una crítica, sin duda, señalaría solo una: los ruidos. Conil no puede vivir sin ruidos. Los hay inevitables (el tráfico, la vecina...), pero, al margen de los evitables, los que visitan a Conil, se empeñan en hacer ruido, viven con el ruido y no cultivan en absoluto el valor del silencio. Hace treinta años elegí una zona muy tranquila cerca del mar, apenas circulaba un coche. Me pareció que en el país de los ruidos había encontrado un sitio sin ruido, era sin lugar a duda Conil de la Frontera. Desde hace quince, o veinte años. Se han construido muchas viviendas, pisos de alquiler veraniego…, y chalet. No muchos más a decir verdad, que en el resto del país, pero esto es incorregible y cuando mejor se da uno cuenta es cuando busca una nueva perspectiva. Os cuento: Ayer volví de viajar por Inglaterra, tras un mes en una zona rural, y me acosté temprano (a las 23,30 horas). Muy cansado, cuando trataba de conciliar los más dulces sueños, unos cuatro adolescentes se despedían en la casa de enfrente. Durante 15 minutos dieron gritos, aceleraron y patinaron la moto sin razón absurdos... Suficiente para olvidar mis dulces sueños. Consideré que no me podía quejar... ¿quienes no hemos hecho cosas absurdas en la adolescencia? Eran cerca de las 2.00 a. m. Un enorme estruendo me despertó apartándome de mis deseados sueños. Esta vez eran dos madres con sus dos hijos (menores de 10 años- y eran las 2.00 a. m.). Mientras estas paseaban plácidamente, sus menores estaban subidos encima de una tabla que se deslizaba por la pendiente de la calle. Las ruedas de la tabla y su fabricación casera hacían un ruido estruendoso, parecido al de un avión que circulara por la calle. Aunque me quejé muy educadamente a las madres desde la ventana de mi dormitorio, no se dignaron ni a volver la cabeza. A las 3,14 horas, aunque por mi calle no suelen circular vehículos, en esta ocasión un coche dejó a una vecina. El coche aceleraba sin parar durante unos 10 minutos como queriendo salir, sin salir… estaba en punto muerto. Para redondear, la música que salía del coche, agotando la fuerza del volumen del reproductor, creaba tal escándalo que ni los más plácidos sueños hubieran podido sobrevivir. Debí dormirme pasadas las 4.30 a. m. He de confesar que estaba ya un poco irritado. Era muy probable que los sueños dieran paso a las pesadillas. Pero estaba agotado y mi sueño volvió nuevamente. Entre sueños oía los cantos de una criatura que desafinaba tanto en el canto como en sus letras y formas, eran jóvenes completamente borrachos. Pero mi subconsciente debió interpretar que lo que oían mis sentidos era parte de un sueño. Pero el canto persistía y cada vez mi consciente estaba más despierto. Miré el reloj y eran las 5.14 a. m., el canto era real y venía de la calle, estaba tan agotado que no me quedaban fuerzas para levantarme. No podía creerme que hubiera unas personas cantando tanto tiempo a esas horas de la madrugada allí fuera en esa calle durante tantísimo tiempo y no tuviera la compresión el respeto, de entender que era hora de dormir. Debía ser un gato pícaro... Así me consolé intentando conciliar nuevamente mis sueños. Esta vez la persistencia y fuerza del canto, me hizo reaccionar. Ya eran pasadas las 6,30. Me fui a la ventana y vi a un grupo de jóvenes y no tan jóvenes cantando en media de la calle en bañador unos, y otro sin camisas, que se paseaba bailando por debajo de la acera de mi ventana. No pude decir nada. Abrí más la persiana para provocar ruido y hacer notar mi presencia. Eso no cambió las cosas, el del bañador seguía bailando y cantando con la botella en la mano. La verdad es que no supe que decir o que hacer, la visión era tan surrealista que me pareció sencillamente increíble. No me extraña que en Conil haya gente que padezca insomnio. Ya no pude conciliar el sueño hasta la siesta. Y claro, encontré una de las razones por las que la siesta es tan necesaria en Conil como en España. Pocos logran dormir por la noche. Y me preguntó qué harán aquellos que viven en zonas ruidosas... ¡Qué preguntas! ¡Dormir la siesta! Es una pena que mi pueblo este así, veo los demás pueblos crecer para bien… Pienso que Conil tiene muchas posibilidades como pueblo costero turístico agrícola pesquero puede y tiene lo mejores medio para desarrollar el mejor turismo que es... ¿Que hay que hacer…? es ofrecer un pueblo LIMPIO, y sin RUIDO, donde el descanso y el respeto a las persona sea sus mayor signo de identidad… Pero para eso hay que rechazar, los que con su presencia asen todo lo contrario…
En este pueblo, mi querido pueblo, el gran Calderón de la Barca hubiera fracasado con sus versos. ¿Qué es la vida? Un frenesí, ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción, y el mayor bien es pequeño: que toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son.
En Conil tendría que haber escrito ¿Qué es Conil? Un polvorín, ¿Qué es Conil? Un botellón, De ruidos de garrafón, De grandes estruendos sin dueños, Aquí no hay quién coño coja el sueño, ¡Un poquito de “por favó”! Que todo queremos para nuestro Conil lo mejor, ¡¡No Jodas!! Uds. Don. Señor…
Publicado en el periódico TRAFALGAR INFORMACIÓN el día 21/08/2009

Alberto dijo
El Botellón
1º.- La Constitución Española reconoce el derecho de reunión (artículo 21 de la sección I del capítulo II).
2º.- El consumo y venta de bebidas alcohólicas por y para mayores de edad es legal.
Teniendo en cuenta lo anterior ¿por qué cojones algunos municipios se empeñan en prohibir el botellón? ¿Por qué no puedo comprar una botella de vino para cenar con mi novia a partir de las diez de la noche? ¿Por el comportamiento incívico y vandálico de los jóvenes?
No, ese es un problema de base y de educación del que el consumo de alcohol no es causa aunque lo agrave. El que es gamberro lo es bebido o no. Además, ese tipo de delito está tipificado y nunca se debe transgredir la presunción de inocencia.
El botellón no es causa sino efecto. Efecto de un país con una abrigada cultura del vino. Efecto de unos precios privativos y abusivos. Efecto del garrafón que ilegalmente venden en muchos bares. Efecto del hecho de ser humano y sociable. Los destrozos, ruidos y gamberradas son otro problema distinto y legislado que no se soluciona prohibiendo el alcohol sino formando, informando y educando mejor.
Pero insisto: si en España es legal que un grupo de amigos mayores de edad beban alcohol en la calle ¿en base a qué lo prohíben?
Este tipo de medidas nos hacen menos libres y, si las permitimos, más cutres.
22 Junio 2010 | 04:33 PM