El sueño que nunca soñé.
"Una vez soñé que mi país estaba en crisis y la verdad sea dicha, que noche tan puñetera pasé"
“Antes de iniciar estos rengloncillos, quiero poner en aviso a los lectores de lo que decía el gran filósofo Aristóteles, que cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y de modo correcto, eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.
En este mundo misterioso y mentiroso, donde las reglas de la realidad no se aplican, porque el sentido común también está en el paro, creo que es muy difícil encontrarle otro sentido a tu sueño que no sean tus propios sentimientos. Si estás buscando una mejor comprensión de ellos, o mejor dicho, demandas un comodín emocional para su interpretación… yo creo que es una perdida de tiempo, porque los sueños, sueños son.
No busques otra interpretación, la clave eres tú, porque nadie que no soñó lo que tú soñaste, con tu cabecita, con tu presente, y con tu pasado, sabrá interpretarlos tan bien como tú, ese sueño, pesadilla, o quizás alucinación, o un poco de fantasía, tal vez falto de ilusión, o visión, posiblemente algo de espejismo, o acaso soñó despierto.
Ahora, distinto es si quieres ser victima o realista. El ser victima conlleva buscar alguien que disfraza la realidad, a tu conveniencia, y ser realista es afrontar lo que venga de la mejor forma posible.
Según he leído no sé donde, venía a decir, más o menos, lo siguiente: Que en la antigüedad, los sueños eran entendidos como revelaciones divinas o demoníacas, y podían además revelar el porvenir del sujeto que soñaba. Luego, desde Aristóteles, los sueños pasaron a ser una actividad del alma, y no de los dioses. Y según otro talento de la antigüedad, los sueños podían ser interpretados, o sea transformados en un lenguaje entendible, y yo, vuelvo a decir, que ese lenguaje dice, que cada uno lo entenderá a su gusto y antojo.
Una vez soñé que mi país estaba en crisis y la verdad sea dicha, que noche tan puñetera pasé.
Al despertarme empecé a escribir todo lo que recordaba de aquel maldito sueño.
Había temblores que estremecieron a los mercados financieros, ¡qué sufrimiento! no podéis imaginar lo mal que se siente, viendo a Botín y a su hijita, esa chica que un día su papi le regaló un banco, con la B de banco, para que la criaturita se distrajera y aprendiera a ser un genio de la usura, pues esa niñita también la vi, en la filita del INEM, y junto a otras pobres criaturitas, las hermanitas Koplovich, las rubitas esas tan bonitas, y Polanco y sus lacayos, en las oficina del paro.
Cuando los vi en esa cola, de las lamentaciones, esa cola de los suspiros, esa cola de las desesperaciones, esa cola que nunca sirvió para colocar a nadie en ningún sitio decente, reflexionaba en ese sueño tan particular y recordé esa frase que decía que el tiempo pone a cada uno en su sitio…
Pero no comprendía, incluso ni soñando, cómo podía ser el sitio de estas criaturas que tanto “bien” hicieron condonando la deuda al partido del gobierno, que tanto daño hacen al que menos tiene, al que más necesita, otorgándose los hogares de miles de personas, que por diferentes razones no podían acceder al pago de esos créditos bancarios, con intereses abusivos y con el beneplácito en multitud de ocasiones del propio Estado, no podía creer que eso estuviera pasando en mi sueño. Y mucho menos que un gobierno que defiende a las clases más desfavorecidas ayudará a los usureros.
(Hay que ver las cosas del sueño,) pero no podía dar crédito a mi sueño, y de repente vuelvo de nuevo a soñar, que los autónomos, y pequeñas empresas accedían a unos préstamos. Algo que se presenta como una salida y casi siempre se transforma en una trampa, ya no solo para las pequeñas empresas, sino para aquellos que vieron la solución en esa usurera operación bancaria, para salvar su vivienda, y no tenían más remedio que entrar por el aro. Como jubilados, pensionistas y hambrientos asalariados, y desesperados parados, son los que más sufren las consecuencias de este sistema que desangra a los más pobres. Son los créditos que brindan muchos bancos, financieras, y algún vivo prestamista, que se enriquecen prestando dinero de esa forma tan escabrosa y salvaje.
Podía oír en ese profundo sueño como los ex millonarios, hablaban entre ellos, y la gente que ya tenían experiencias en esas interminables colas de las oficinas del “desempleo”, les facilitaba, o le cedían el sitio a los ex dueños del país.
Y entre los soberanos parados, también se escuchaba el murmullo, y decían entre ellos, que mal se tienen que sentir, siendo antes grandes magnates, y ahora son como nosotros.
Y aparece un experto del desempleo en esas colas y le pregunta al señor Botín,
- ¿Cómo puede ser que ustedes, estén junto a las personas de a pie?
Y el señor D. Botín sin botín, le decía.
- Esto comenzó, por culpa de los Yankees, con la burbuja inmobiliaria, esta nueva etapa en la crisis financiera ocasionada por el ladrillo, por lo visto el inconsciente ladrillo tenia la culpa de dicha situación, las cosas de los sueños.
Es lógico, el ladrillo no tiene corazón, espíritu, ni alma, carece de sentimiento, de la emoción, de la pasión, de los estremecimientos, y de las conmociones, que ustedes hubiesen sentido, y previsto antes que sucediera. Maldito ladrillo…
De momento se me borra el sueño y lo único que recuerdo son rayos y centellas partiendo un trozo en dos partes. Hay que ver lo que son los sueños…
Pero en breves momentos vuelvo a soñar, y vi como el gobierno ayudaba a los bancos pagando por rescatarlos del fango en el que se habían metido y a la vez ellos habían metido a toda la población que estaba descompuesta con hambre, y sin trabajo. Las calles llenas de gente sin rumbo, sin tener a donde ir, el poderío gubernamental sin la prepotencia que le caracterizaba, y el país deshabitado socialmente, y habitado salvajemente, un país, un pueblo, o una península tan dividida, que parecía, unas penínsulas con más miseria y hambre que nunca. Y las autoridades sin autoridad, temían, que se desatara una explosión social aun mayor, en respuesta a la situación que ellos habían llevado al país.
Que sueño tan malo; y al despertar pude comprobar que no era un sueño que era casi real, lo único que pasaba es que yo estaba en las filas del paro y no podía dar crédito a todo lo que estaba sucediendo, a donde habían metido a mi país…”
Desde aquel día, desde aquel sueño, temo dormir, busco el insomnio, procuro la vigilia y me he aficionado al café. Por lo menos mientras me quede para un café. Después dormiré. Y soñaré…
Ya decía un filósofo, que el sabio no enseña con palabras, sino con actos.
Don Quijote dice: “Que las historias fingidas tanto tienen de buenas y de deleitables cuanto se llegan a la verdad o la semejanza a ella”.
Publicado en el periódico TRAFALGAR INFORMACIÓN el día 23/04/2010
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Juana Mª dijo
Lorenzo La banca nunca pierde gracias a las 'cláusulas abusivas'
4 Mayo 2010 | 09:43 AM